Dejando atrás el síndrome del Impostor

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Rubén Jaime

Gerente RRHH/ Facilitador/ Coach Ejecutivo y de vida/ Consultor/ Diversidad Equidad e Inclusión / Desarrollo de liderazgo / Cultura / Engagement / Transformación/ Talento/ Formación y Desarrollo / Entornos ágiles

Dejando atrás el síndrome del Impostor
Descubrí el síndrome del Impostor , hace algunos años, preparando una ponencia para un programa de aceleración de carrera femenina. Hoy, vengo a declarar que más gente de la que creemos lo padece en algún momento de su ejercicio profesional. Yo, entre ellos, y en este momento, más que nunca. Por aquí algunas ideas para dejarlo atrás.

Me aproximé por primera vez al síndrome del impostor trabajando con temas de diversidad y equidad de género, intentando entender por qué tantas mujeres talentosas dejaban pasar la oportunidad de postular su nombre en procesos de selección. Yo, como responsable de talento, veía que estaban altamente calificadas y, sin embargo, no se atrevían.

Recuerdo que cuando comprendí el concepto sentí que también, de vez en cuando, lo vivía. O mejor dicho: lo vivía con más frecuencia de la que quisiera aceptar. Y es que parece muy real. Según un estudio publicado en el International Journal of Behavioral Science, aproximadamente el 70 % de las personas experimentan el síndrome del impostor en algún momento de su vida, independientemente de su género, edad o nivel profesional. Una gran mayoría a la que pertenezco.

Solo quiero empezar diciendo que creo que he sido un profesional exitoso. Incluso, desde el colegio fui un alumno destacado, con buenas notas y un historial académico respetable. Y en el mundo laboral también hay muchas cosas por las cuales podría sentirme orgulloso. Pero, aún así, estoy en ese 70 %. He sentido alguna vez que no merezco mis logros, o que soy un “fraude”, a pesar de tener evidencia objetiva de mis competencias. ¿Alguien más por aquí lo ha sentido?

Este fenómeno es frecuente en personas recién ascendidas, en mujeres en entornos masculinos (como el de las carreras STEM), en estudiantes con alta autoexigencia (como en mi caso) y en contextos donde la excelencia y la innovación son demandadas de forma constante. Se me ocurre también que existe en otros medios como el deporte y también, por ejemplo, en el mundo de la música, que he conocido de cerca gracias a mi hija, quien estudió en un conservatorio.

Hoy, por alguna razón, siento que este síndrome está más presente que nunca. Y quienes hayan pasado por cambios laborales entenderán por qué: pensar que no eres lo “suficientemente bueno”, compararte continuamente con otros, o sentir que en cualquier momento “te van a descubrir”, pueden formar parte de esa realidad. Y sí, tristemente sucede tanto cuando estás teniendo éxito —como al ganar un negocio, recibir una promoción o firmar con un cliente nuevo— como cuando no lo estás teniendo, y no logras lo que te estás proponiendo, lo que parece confirmar que “en efecto, no eras tan bueno”.

Lo que sí es verdad es que sí o sí, es un fenómeno que puedes atacar directamente, si estás entre este 70%.  ¡Por aquí algunas de mis ideas acerca de cómo hacerle frente!

1. Tu “Egoteca”

Hace unos meses cuando dejé la compañía con la que trabajé por más de 20 años, estuve revisando en la web de recursos humanos de la compañía, un módulo donde reposaban las insignias digitales que me habían otorgado mis jefes, colegas y otros compañeros(as) en los últimos años. Me preguntaba cómo podía extraer esa información para poder conservar ese historial personal de reconocimientos que iba a desaparecer en el mismo momento en el que mi usuario dejara de funcionar.

Para mí, conservar este historial de insignias, y otros elementos que nos recuerden nuestros logros, es lo que llamo mi “Egoteca”. Cada uno de nosotros debería tener su propia carpeta de felicitaciones, logros y reconocimientos. Como cuando antes guardábamos fotos para recordar momentos importantes – de hecho, incluye, también fotos en tu egoteca- Suma tus cartas de recomendación, agradecimientos de clientes, trofeos, diplomas, promociones, aumentos logrados por mérito… todo lo que celebre tu recorrido.

Una vez lo tengas, revísalo con cariño: ¿Qué esfuerzo hay detrás de cada logro? ¿Qué habilidades destacan? ¿Qué patrones se repiten? ¿Cuál te hace sentir más orgulloso?

Si no tienes evidencias físicas, haz una lista de tus hitos y vuelve a ella siempre que lo necesites. Este recurso puede ser una gran herramienta para contrarrestar el síndrome.

2. Los demás saben lo que tú dudas

Con frecuencia cuando he iniciado algún proceso de Coaching , he dejado la misión a mis clientes de hacer una encuesta a gente a su alrededor que considere que lo conocen bien. Seguro sus colegas, clientes, jefes y otras personas de su entorno laboral podrán darle información muy valiosa acerca de sí mismos. Es un ejercicio que he hecho también algunas veces con los equipos de trabajo que he liderado y tiene resultados similares. Siempre hemos diseñado la encuesta incluyendo preguntas como:

  • ¿Dónde ves mi mayor impacto?
  • ¿Qué te sorprende de mí?
  • ¿Cuáles son mis fortalezas?

Este ejercicio siempre me asombra. Las respuestas, aunque vengan de personas distintas, tienden a coincidir. Lo segundo más increíble es sentir las emociones de las personas al sentirse vistas por otros. Mi sugerencia: incluye a alguien escéptico en la lista, para que tu “yo impostor” no diga que “lograste engañar a todos”.

3. La soledad del líder

La verdad es que no siempre es fácil hablar con alguien. Hace unos meses hablaba con un colega que había sido recién promovido a una de las posiciones de vicepresidente de la compañía con la que trabajaba.  Nuestra conversación giró alrededor de cómo ahora sentía que tenía que cuidarse más de no mostrar errores, pero que la verdad estaba aprendiendo , y ya no se sentía cómodo de compartir sus dudas técnicas y menos sus sentimientos de ineptitud frente a sus. pares.

Estaba viviendo la soledad del liderazgo.

Tal vez en momentos así necesites un coach, un mentor con quien puedas hablar con libertad sin temor de mostrarte. Crear esos espacios puede marcar una gran diferencia.

4. Role models sí, comparaciones no

Siempre creo que tener referentes es clave para nuestro desarrollo profesional: nos inspiran, nos muestran lo que es posible y nos animan a seguir creciendo. Sin embargo, cuando admirar se transforma en compararse constantemente, caemos en una trampa que alimenta el síndrome del impostor. Mientras que un ‘role model’ puede abrirnos puertas mentales y darnos dirección, la comparación mal gestionada nos hace sentir que nunca somos suficientes. No somos iguales a nadie. Y cada quien tiene su propio estilo, y hay que soltarlo.. Si la admiración se convierte en comparación constante, alimentamos el síndrome.

Yo mismo, cuando fui promovido a gerente de formación, me culpaba por no ser tan bueno en endomarketing como mi antecesora. Con el tiempo entendí que tenía otro estilo, y que podía dejar huella por otras razones como mi estilo de liderazgo, o mi conexión con los equipos diversos que tenía al frente.

Siempre hay espacio para seguir creciendo, pero no olvides lo que ya haces bien.

5. Cambia tu diálogo interno… y externo

Recuerdo que cuando me estaba formando como Coach hablábamos de que todos teníamos un saboteador interno, y lo personificábamos como si tuviera forma de “gremlin” – sí , esa icónica figura del cine ochentero que se reproducía solo con agua_. Recuerdo una mentee,  dentro de un programa de aceleración de carrera femenina que compartía conmigo que tan pronto le daba la mano a su CEO pensaba , “no sé por qué estoy aquí” “ya se va a dar cuenta que no estoy preparada” y ese tipo de pensamientos. Ese diálogo interno, saboteador, gremlin, duende o lo que sea lo tenemos todos dentro. Y se alborota y reproduce con el síndrome del impostor.

Conozco estas formas de abordarlo: Cognitivamente- Cambiar por ejemplo las frases que tengo más implantadas en la mente: Cuando me diga “No soy como ellos” “No sé por qué me eligieron” “No soy suficiente” incluso si me concentro en lo que en términos prácticos es real “No tengo un PHD”, “No soy bilingüe» , sugiero reemplazarlas por otras como “ Tengo experiencia ““He trabajado bastante” “Soy muy hábil en esto” “Soy admirado por X”.

Yo tengo un video secreto grabado con el video mensaje de whatsapp en mi propio perfil, es sólo para mí, sólo para escucharme a mí mismo diciéndomelo, pero conozco alguien que ha impreso las frases y las pegó en su espejo.  En Colombia podemos decir cosas como “Soy un duro”.

Por supuesto la otra forma es cambiarlo desde el diálogo externo, recientemente me he percatado gracias al feedback de otros que tiendo a hablar muy en negativo acerca de ciertos aspectos de mí mismo, y creo que es algo a lo que debo poner un freno ya mismo.

6. El error como parte del aprendizaje

Si algo aprendí de trabajar en Modo Agile (cuando se implementaron metodologías ágiles en la compañía para la que trabajaba) es la importancia de la experimentación como parte del aprendizaje. Quizás si tu historial, como el mío, viene siendo tan destacado desde etapas escolares, es difícil mostrar al mundo que cometemos tantos o más errores que los demás. Pero sin duda, no hay una mejor forma de innovar y rehacerte en el mundo que cometiendo errores. Así, que no temas reconocer tus errores en público. Solo te quiero decir que sin duda no eres un fraude, solo eres una persona, y además una persona que toma riesgos y además muy valiente para evidenciarlos. Y todos esos errores, te ayudaran a posicionarte diferente.

7. No estás solo: la experiencia compartida ayuda

Un estudio del Journal of General Internal Medicine encontró que el síndrome del impostor puede afectar hasta al 82 % de los profesionales en entornos altamente competitivos, especialmente cuando hay falta de retroalimentación positiva y reconocimiento claro. Más allá de los números, lo que más me ha servido es hablarlo con otros. Cuando alguien me dice: “yo también me he sentido así”, algo se desbloquea. Por eso, propongo normalizar estas conversaciones. Hablar más del síndrome, validar lo que sentimos y ser más generosos al reconocer a los demás puede hacer una gran diferencia. Y por favor, también normalicemos Pedir Ayuda


Solo decir para terminar que sé que cuando el síndrome despierta en nosotros, también tiene impacto en los resultados, puede generar desde parálisis por análisis impidiéndonos tomar riesgos, hasta hacer que nuestro brillo se opaque y no demos el suficientemente crédito a quienes somos impactando en malas negociaciones internas y externas.

Pero ahora que sabemos que somos más de los que creemos, ¿por qué no abrir el tema en voz alta?

Tal vez tus colegas sienten lo mismo. Tal vez tú puedas ayudarles a ver lo que no alcanzan a ver de sí mismos.

Si se te ocurre algo que pueda sumar a esta conversación, estaré feliz de leerte. Gracias por llegar hasta aquí.

Acerca de mí

Tras haber trabajado más de 20 años como HRBP y Gerente de diversas áreas de Recursos Humanos, en el grupo Telefónica, estoy aportando al mundo desde otro lugar. Te acompaño a construir sociedad más inclusiva y humana, un mejor lugar para trabajar y una mejor versión de tí como líder.

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