PD: Dedico este artículo a todos los colegas y ex-compañeros(as) que están viviendo su transición al mismo tiempo que yo.
Cerré el año 2024 realizando la excursión a Ciudad Perdida, ese destino mágico que muchos turistas—principalmente extranjeros— visitan en el Caribe colombiano. Allí, en algún momento el guía sugirió un ritual singular: caminar sobre un círculo de piedras para dar la bienvenida a las energías positivas en la vida. Después de ese momento, no pude evitar abrir los brazos y saludar al 2025, dispuesto a recibir buena energía y a abrazar las nuevas posibilidades que puedan presentarse para mí en este año.
Ese instante marcó el inicio de mi apertura hacia el cambio, y es que luego de haber laborado más de 20 años en el mismo grupo en diversas posiciones, se me presentó el gran desafío de poner en práctica todo lo aprendido a lo largo de mi vida y seguir aportando al mundo, desde otro lugar. Muchos lo denominan “transición laboral”. Y casi que en “caliente” mientras vivo esto, hoy, me arriesgo a compartir algunas recomendaciones que he recogido, ya sea en mi rol de coach, mentor, líder, facilitador o gerente de Recursos Humanos, y que han surgido tanto en conversaciones pasadas como en nuevas reflexiones que emergen en este camino. Quizás, estas reflexiones sumadas a las tuyas nos animen a muchos a seguir avanzando.
1. El cambio de identidad
Quizá mi identidad no cambió radicalmente, pero durante años me he presentado diciendo: “Soy Rubén y soy el gerente responsable de llevar XY temas en esta empresa.” Siempre he sabido que soy mucho más que un cargo, y que la vida trasciende el trabajo; sin embargo, resulta más sencillo no profundizar en ello. Recuerdo que, mientras me formaba como coach profesional, en una clase de marketing personal nos decían: “Menciona siempre que eres coach; a alguien le llamará la atención”. Hoy, pienso que es un momento para renovar nuestra identidad, nuestra marca personal, y también nuestra presentación personal. Una forma de hacerlo, por ejemplo, sería renovar nuestro elevator pitch o incluso crear uno completamente diferente (Sí, ese concepto que consiste en captar la atención de alguien en el tiempo de que dura un viaje en ascensor ¿30 segundos?, respondiendo a preguntas esenciales como: ¿Quién eres? ¿Qué haces? ¿Qué problema resuelves? ¿Qué buscas?). Para hacerlo elige bien lo que quieres mostrar ya que no hay mejor momento que este para hacerlo. Por ejemplo, en mi caso, tras innumerables conversaciones con colegas expertos en Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI), elegí definirme como un apasionado (más que un experto) por estos temas, convencido de que puedo trabajar para transformar la sociedad.
2. Mi nueva ocupación no es el descanso.
Es común saludar a quienes se retiran después de una larga trayectoria con: “Hola, ¿cómo estás? ¿Descansando?” Esa misma pregunta puede dejarte desconcertado, ya sea que realmente descanses o no. Sin embargo, es fundamental recordar que detenerse y descansar es legítimo; cada persona tiene derecho a su momentum. He conocido a quienes se toman un semestre o incluso un año sabático, así como a otros que, apenas una semana después de su retiro, inician una nueva ocupación. En mi caso, he estado tan ocupado explorando nuevas formas de aportar al mundo y generar ingresos (de hecho, ya estoy haciendo consultoría y coaching) que, cuando me preguntan “¿descansando?”, mi respuesta automática es: “¡He estado más ocupado que antes! Y tengo ganas de seguir ocupado ¿puedo apoyarte en algo?”
3. Las anclas de carrera.
Hace 25 años descubrí el concepto de “anclas de carrera” mientras daba forma a un programa de retención de talento. El modelo de Edgar Schein, con sus 8 anclas, me sigue fascinando porque permite hacer la primera introspección acerca de lo que realmente importa en un momento de transición laboral. Mientras para algunos el mayor anhelo es crecer verticalmente hacia posiciones de mayor estatus, liderazgo —y quizá salario— para otros puede ser aprender profundamente, emprender o tener estabilidad laboral. En mi caso, mis tres anclas principales son: el servicio, el balance en mi estilo de vida y la adquisición de mayor competencia funcional. Actualmente, examino cada oportunidad con este filtro: ¿Esta oportunidad me permitirá ponerme al servicio de otros? Esta herramienta me ha servido en transiciones pasadas y sigue siendo muy útil. ¡Te invito a descubrir las tuyas!
4. Propósito, visión y valores: la brújula moral.
Durante mis años en el grupo Telefónica, tuve el privilegio de ser facilitador durante más de 10 años, del programa LeadingSelf, impartido en el campus de Universitas en España (inicialmente en Barcelona y, hoy, en Madrid). Allí aprendí y enseñé que tener un propósito, una visión y unos valores claros es fundamental para guiar nuestro camino, especialmente en momentos de cambio. A lo que llamábamos allí “la brújula moral”. Recientemente, el concepto japonés de ikigai —que integra pasión, talento, propósito y profesión— ha ganado popularidad, reafirmando la importancia del propósito en la vida laboral. Después de todo, nuestro trabajo es una de las formas en que más tiempo invertimos para hacer realidad nuestro propósito. De hecho, hoy escuché a alguien en un Reel diciendo que el trabajo es tu forma de aportar al mundo. Personalmente, deseo un mundo más inclusivo y humano, con mejores lugares para trabajar, y también me he comprometido a acompañar a otros en su viaje de autodescubrimiento y transformación hacia una mejor versión de sí mismos. He incluido esos elementos en mi propósito. Y también reviso mis alternativas y mi plan con ese filtro.
5. La red de apoyo: profesional y emocional.
En un proyecto de gestión del cambio en el que participé, impartíamos un taller de agilidad para el cambio que sugería la necesidad de dos tipos de redes: una red profesional y una red emocional. La primera incluye asesores financieros, diseñadores gráficos, consultores para emprender, coaches de carrera, terapeutas, abogados, mentores, creadores de contenido o incluso expertos en IA (aunque la tecnología, por muy útil que sea, no lo resuelve todo). La segunda red es la más personal: aquella que te sostiene emocionalmente, que te respalda en los altibajos de las entrevistas y en los «No» a tus propuestas. En mi caso, he contado con el apoyo incondicional de mi familia, amigos, colegas y hasta excompañeros de trabajo que han creído en mí y reconocido mi valor. ¡Gracias a cada uno de ellos por cada conversación, mensaje y llamada!
Un dato curioso: Según un estudio reciente de LinkedIn, hasta el 85% de las vacantes se cubren a través del networking. Esto resalta la importancia de cultivar tanto la red profesional como la emocional, especialmente en momentos de transición, ya que estas conexiones pueden abrir puertas inesperadas y generar colaboraciones valiosas.
6. Cuidar la salud mental en tiempos de cambio.
No es raro sentir dudas y enfrentar ambigüedades durante las transiciones. Por ello, es vital cuidar la salud mental y adoptar nuevos hábitos. Y dejo estas ideas por aquí:
· Reconoce que seguirán las dudas: algunas técnicas pero otras son honestamente sólo producto de nuestro saboteador interno. Quizás lo mejor sea dejar algunas en el «parking lot» hasta que estés preparado para abordarlas, y otras deberán transformarse en un plan de desarrollo personal.
- Dejar un empleo implica un duelo que algunos deben transitar.
- Mantener la disciplina, el foco y la cordura demanda la creación de nuevos hábitos. Sin cambiar los hábitos no es posible transformar nuestra identidad, un concepto que James Clear ilustra en Hábitos Atómicos.
- Reflexiona: ¿cuándo fue la última vez que fuiste creativo antes de esta transición? Nunca antes ha habido tanta posibilidad de ser creativo e incluso aprender lo que no sabes hacer (porque alguien en tu equipo lo hacía y no tenías que hacerte cargo…)
- Reconoce que seguirán las dudas: algunas técnicas pero otras son honestamente sólo producto de nuestro saboteador interno. Quizás lo mejor sea dejar algunas en el «parking lot» hasta que estés preparado para abordarlas, y otras deberán transformarse en un plan de desarrollo personal.
7. Tu medida del éxito
Estoy convencido que la medida del éxito es personal, no es universal y debes encontrar la tuya. Mientras que para algunos el salario o la facturación anual es el indicador principal, para otros lo es la realización personal y el impacto social. Te invito a definir cuál es tu medida del éxito, y aclaro que sé que parece obvio que definir las metas es un paso relevante, pero no te olvides que ganadores y perdedores tienen las mismas metas, así que no es lo único que tendrás que hacer. Quizás sí tengas que sumar a tu reflexión con todo esto: tu identidad, hábitos, anclas de carrera, brújula moral, red profesional y emocional…
El consejo más valioso que he recibido en la vida me lo dio un colega “No te distraigas con las otras voces” y creo que no solo es una invitación a tener foco. Soy consciente que hay mucha sabiduría colectiva en la era del conocimiento, y que todos los seres humanos tienen algo que enseñarte, pero también es verdad que cada uno de ellos y ellas, sienta aprecio por ti o no, tiene una visión acerca de quién debes ser y cuál debe ser tu éxito, y tratar de conciliar esto en tu mente puede ser abrumador. Escucha tu voz interna, para definir quién quieres ser y cuál es la medida de tu éxito, y cuando lo logres… te invito a escribir la Parte 2 de este artículo.
Y aquí estoy hoy, después de haber vivido este primer trimestre del 2025, aún con los brazos abiertos, como en Ciudad Perdida. ¿Tienes alguna reflexión adicional que pueda ser útil para quienes están en una transición de carrera? Me interesan tus comentarios. ¡Súmalos respondiendo el post que incluye este artículo!
Acerca de mí:
Consultor, Coach, Mentor, Facilitador, Psicólogo, Gerente. Tras más de 20 años trabajando como HRBP y Gerente de Áreas de Recursos Humanos en el grupo Telefónica, estoy listo para aportar al mundo desde otra perspectiva. Te acompaño a construir juntos una sociedad más inclusiva y humana, a construir mejores y más felices lugares de trabajo, y a descubrir una mejor versión de ti como líder y ser humano.
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